8 de junio de 2007

Batallas electorales II (1965 - 1967)


Por Cacho Mendoza

El omnipresente Mariano Grondona decía en Primera Plana de julio de 1965: “La integración del peronismo en el país político se ha de realizar. Este es un hecho inexorable. Pero que su curso sea pacífico o accidentado depende de un solo factor: el tiempo. Un gobierno peronista en 1975, probablemente no conmovería al país. Un gobierno peronista en 1969, quizá sea prematuro... El reingreso gradual del peronismo en la legalidad primero como una 'oposición de Su Majestad' y luego como un nuevo oficialismo, sería asimilado. Pero una súbita 'inundación' peronista desde la cima hasta el llano, sería difícilmente tolerada. Y después de marzo, el radicalismo, concebido aún por sus críticos, como un eficaz moderador político de la energía justicialista, no muestra a la opinión una nueva estrategia, sino una nueva perplejidad".

En consecuencia, concluía Grondona, "el no peronismo no detendrá la avalancha peronista mediante conciliábulos reglamentaristas o artificios legales, sino con la efectiva creación de un liderazgo alternativo”.
La constitución de un contra liderazgo aparecía, entonces, como la solución para resolver la incapacidad del sistema de partidos argentinos para derrotar a la mayoría electoral del peronismo.
Aquí compañeros se le veía la pata a la sota. El Marianito le empezaba a armar el discurso y una supuesta carrera política al “Morsa” Juan Carlos Onganía.

Luego de los comicios de marzo de 1965 Grondona escribía, también en Primera Plana: "Hay un 'tercer país' que rechaza el condominio peronista - radical... Este tercer país no se siente representado por el esquema vigente, pero tampoco encuentra expresión partidaria ni sabe, siquiera, de su propia existencia”.
"El tercer país —seguía la nota— considera 'vieja' la alternativa peronista/ antiperonista. Siente a unos y a otros como supervivientes de un pasado estéril. Quiere otra cosa, quizás una Argentina pujante, unida y moderna. Pero no tiene voceros y se pierde en los laberintos políticos. Sus habitantes no se conocen. Y sus representantes naturales pelean entre sí... Algún partido, algún hombre, alguna minoría tendrá que fecundarlo. En algún rincón de nuestro espacio, alguna patria joven se levantará de golpe”

Esteban mandó a todos una carta en la que planteaba que la incapacidad del gobierno de Arturo Illia para resolver los conflictos gremiales, estudiantiles y limítrofes con Chile, llevaría a corto plazo a un callejón sin salida. Y para ilustrar se detuvo en comentar varios hechos que venían aconteciendo en el panorama nacional. Por un lado el descubrimiento en Salta de un campamento del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Por otro, un desprendimiento filo peronista de Tacuara, el MNRT, asaltó el Policlínico Bancario.
También apareció una célula de la Central Operativa de la Resistencia Peronista y se tuvo conocimiento de la fundación del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP), por parte de Gustavo Rearte.
La superproducción de azúcar en Tucumán volvía a poner a los obreros y zafreros tucumanos en la calle, conducidos por la FOTIA, y los estudiantes empezaban a romper con la lucha por un mayor presupuesto universitario y se encolumnaban en solidaridad con los trabajadores del norte, en lo que sería el primer acercamiento político a la historia de la clase obrera peronista.
Para Pedro, esa información ya era clave para establecer algunas acciones. Se venía el recambio, por un poder mas fuerte, mas duro, capaz de resolver la llamada “inoperancia” de la “Tortuga Illia” y la imposibilidad de usar la fachada democrática del radicalismo para integrar al peronismo al sistema de partidos.

Perón en Mendoza

Las elecciones de Mendoza estaban convocadas para abril de 1966. Y varias cosas se jugaban allí.
Por un lado la suerte del "Lobo"Vandor, que venía armando un partido político peronista sin Perón . Por otro lado la estrategia de los milicos y los partidos para integrar al peronismo, sin sus contenidos obreros y sin Perón. Y por otro lado, la Resistencia Peronista y Perón que no se entregaban
El Viejo ya venía caliente con Vandor, pero pacientemente esperaba su realineamiento. Pero una frase de Vandor en el Congreso de Avellaneda de octubre de 1965 colmó el vaso y precipitó el enfrentamiento. El “Lobo” había dicho: “hay que enfrentar a Perón para salvar a Perón”.
Y los tres eligieron a Mendoza para dar la batalla: Vandor, el Gobierno radical y Perón.

Vandor quería ganar las elecciones con su engendro neoperonista. El Gobierno quería demostrar que se le podía ganar al peronismo en elecciones libres. En las ultimas elecciones los “Gansos” habían sacado 104.000 votos y la UCR 88.000. Había que inventar algo para que, aceptando la participación del peronismo, aunque sacara mayor cantidad de votos que los otros dos paridos, igual no llegara al poder, Y para eso convocaron a una convención constituyente que reemplazó la elección directa del Gobernador por un Colegio Electoral que elegiría en forma indirecta. De esa manera “Gansos” y “Pericotes” se unirían para evitar la llegada al poder de un Gobernador peronista en Mendoza. Y, de paso, calmarían a los milicos que ya no aguantaban mas de las ganas de dar un golpe de Estado y empujar a los políticos al ostracismo.
La Resistencia se instaló en Mendoza y comenzó a operar para dar pelea a los neoperonistas del Movimiento Popular Mendocino (MPM) con Alberto Serú García a la cabeza.

En marzo de 1966, Serú García volvió de Madrid sin haber sido recibido por Perón. En la revista Primera Plana del 22 de marzo de 1966, Serú García declaró: "...que mientras otros esperan órdenes, Vandor y yo entendemos que el peronismo debe actuar por sí mismo y organizarse como un partido"
El 23 de marzo Perón le respondió a Vandor y a Serú anunciando su apoyo a Ernesto Corvalán Nanclares.
Ahora sí que se ponía todo patas para arriba. Al apoyo que Vandor tenía en Mendoza entre los dirigentes sindicales, se sumaba la popularidad que ya tenía ganada Serú García. Y por el otro lado, Corvalán Nanclares no estaba para nada posicionado como candidato e incluso, después de ser el elegido de Perón, se pensó que igual se bajaba de la elección. Lo de Mendoza puso un verdadero pico de tensión al peronismo.

El próximo año, 1967, habría elecciones en Buenos Aires, Santa Fe , Córdoba, y otros distritos grandes. Si el neoperonismo triunfaba; si en el Colegio Electoral el pacto ganso/radical se mantenía, se obtendrían varios triunfos: por un lado, se evitaba la llegada de un gobernador peronista a Mendoza y, en otras provincias, se integraba al peronismo a través de partidos neoperonistas y se terminaba con el liderazgo de Perón.

Perón nos manda, entonces, una cinta en que explicita su apoyo a Corvalán Nanclares y adelanta la llegada de Isabel como su enviada personal a Mendoza, a efectos de corporizar su apoyo a través de su esposa.
Por primera vez, desde el golpe del ‘55, la radio y la televisión de Mendoza pasan un mensaje grabado de Perón, en la que el Viejo dice entre otras cosas:
“Hay que pegar duro y a la cabeza de Vandor. Yo no me opongo a que viejos peronistas hagan política, pero si tienen edad para ponerse los pantalones largos, que no usen mi camiseta”. (Una versión del mensaje de Perón emitido por los medios mendocinos está en el diario La Nación del 17 de abril de 1966)

El 19 de abril tuvieron lugar los comicios. Emilio Jofré, candidato por el Partido Demócrata, ganó tal como se esperaba. Sin embargo, el acontecimiento relevante del día no fueron los 129.000 votos de Jofré, ni los 89.000 de la UCRP, sino los 102.000 votos que Corvalán Nanclares consiguió reunir en contra de los 62.000 del candidato vandorista.

Pocos días más tarde Grondona escribía resignado: "Después de Mendoza, la capital del peronismo está otra vez en Madrid”.

Nosotros saltábamos en una pata. De un saque habíamos reventado otra estrategia para diluirnos. Nuestra capacidad organizativa estaba entera; la integridad de las bases absoluta; la disciplina y la acción conjunta ejemplar.
El gobierno radical desfallecía: si bien habían ganado las elecciones los gansos y convalidarían esto en el Colegio Electoral, quedó claro que no podían evitar nuestro reagrupamiento, nuestra verticalidad y nuestra disciplina al líder. Que solo podrían pararnos proscribiéndonos, cosa que se les haría difícil después de tanta alcahuetería democrática.
Por el lado de Vandor las cosas quedaron claras. Ahí nomás, los compañeros cerveceros se reunieron en Asamblea y encabezados por Santiago decidieron abandonar las “62 Leales” que respondían a Vandor e integrarse en las “62 de Pie” antivandoristas. Lo mismo hicieron los compañeros telefónicos y rurales.

Ramiro y la gente de la seccional la matanza de la UOM se rebelaron contra la conducción de Vandor y los papeleros le retiraron a Fernando Donaires la autorización para continuar como Secretario de la CGT en representación del vandorismo.
La batalla electoral de Mendoza presentaba al país un nuevo escenario: Perón retomando la conducción plena del movimiento; las bases alineadas con su conducción; la dirigencia intermedia desarrollando sus tareas territoriales con absoluta disciplina y la lucha en todos los terrenos planteada con claridad: en lo electoral, en lo gremial, en lo económico, en lo social, en lo intelectual y en lo comunicacional.
El radicalismo quedó encerrado en sus propias contradicciones y ya no pudo parar el golpe que venían preparando los militares desde 1965. Vandor y Alonso siguieron estrechando sus lazos con Onganía y los militares con la esperanza de ser beneficiarios del nuevo líder emergente de las clases dominantes de la Argentina .

Y nosotros seguimos en la misma. Defender nuestro salario, nuestras condiciones dignas de trabajo, nuestros sindicatos, nuestros barrios, nuestras escuelas. Y le dimos pelea al “Morsa” y a sus aliados.

En la próxima se las cuento.