8 de junio de 2007

Batallas electorales II (1965 - 1967)


Por Cacho Mendoza

El omnipresente Mariano Grondona decía en Primera Plana de julio de 1965: “La integración del peronismo en el país político se ha de realizar. Este es un hecho inexorable. Pero que su curso sea pacífico o accidentado depende de un solo factor: el tiempo. Un gobierno peronista en 1975, probablemente no conmovería al país. Un gobierno peronista en 1969, quizá sea prematuro... El reingreso gradual del peronismo en la legalidad primero como una 'oposición de Su Majestad' y luego como un nuevo oficialismo, sería asimilado. Pero una súbita 'inundación' peronista desde la cima hasta el llano, sería difícilmente tolerada. Y después de marzo, el radicalismo, concebido aún por sus críticos, como un eficaz moderador político de la energía justicialista, no muestra a la opinión una nueva estrategia, sino una nueva perplejidad".

En consecuencia, concluía Grondona, "el no peronismo no detendrá la avalancha peronista mediante conciliábulos reglamentaristas o artificios legales, sino con la efectiva creación de un liderazgo alternativo”.
La constitución de un contra liderazgo aparecía, entonces, como la solución para resolver la incapacidad del sistema de partidos argentinos para derrotar a la mayoría electoral del peronismo.
Aquí compañeros se le veía la pata a la sota. El Marianito le empezaba a armar el discurso y una supuesta carrera política al “Morsa” Juan Carlos Onganía.

Luego de los comicios de marzo de 1965 Grondona escribía, también en Primera Plana: "Hay un 'tercer país' que rechaza el condominio peronista - radical... Este tercer país no se siente representado por el esquema vigente, pero tampoco encuentra expresión partidaria ni sabe, siquiera, de su propia existencia”.
"El tercer país —seguía la nota— considera 'vieja' la alternativa peronista/ antiperonista. Siente a unos y a otros como supervivientes de un pasado estéril. Quiere otra cosa, quizás una Argentina pujante, unida y moderna. Pero no tiene voceros y se pierde en los laberintos políticos. Sus habitantes no se conocen. Y sus representantes naturales pelean entre sí... Algún partido, algún hombre, alguna minoría tendrá que fecundarlo. En algún rincón de nuestro espacio, alguna patria joven se levantará de golpe”

Esteban mandó a todos una carta en la que planteaba que la incapacidad del gobierno de Arturo Illia para resolver los conflictos gremiales, estudiantiles y limítrofes con Chile, llevaría a corto plazo a un callejón sin salida. Y para ilustrar se detuvo en comentar varios hechos que venían aconteciendo en el panorama nacional. Por un lado el descubrimiento en Salta de un campamento del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Por otro, un desprendimiento filo peronista de Tacuara, el MNRT, asaltó el Policlínico Bancario.
También apareció una célula de la Central Operativa de la Resistencia Peronista y se tuvo conocimiento de la fundación del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP), por parte de Gustavo Rearte.
La superproducción de azúcar en Tucumán volvía a poner a los obreros y zafreros tucumanos en la calle, conducidos por la FOTIA, y los estudiantes empezaban a romper con la lucha por un mayor presupuesto universitario y se encolumnaban en solidaridad con los trabajadores del norte, en lo que sería el primer acercamiento político a la historia de la clase obrera peronista.
Para Pedro, esa información ya era clave para establecer algunas acciones. Se venía el recambio, por un poder mas fuerte, mas duro, capaz de resolver la llamada “inoperancia” de la “Tortuga Illia” y la imposibilidad de usar la fachada democrática del radicalismo para integrar al peronismo al sistema de partidos.

Perón en Mendoza

Las elecciones de Mendoza estaban convocadas para abril de 1966. Y varias cosas se jugaban allí.
Por un lado la suerte del "Lobo"Vandor, que venía armando un partido político peronista sin Perón . Por otro lado la estrategia de los milicos y los partidos para integrar al peronismo, sin sus contenidos obreros y sin Perón. Y por otro lado, la Resistencia Peronista y Perón que no se entregaban
El Viejo ya venía caliente con Vandor, pero pacientemente esperaba su realineamiento. Pero una frase de Vandor en el Congreso de Avellaneda de octubre de 1965 colmó el vaso y precipitó el enfrentamiento. El “Lobo” había dicho: “hay que enfrentar a Perón para salvar a Perón”.
Y los tres eligieron a Mendoza para dar la batalla: Vandor, el Gobierno radical y Perón.

Vandor quería ganar las elecciones con su engendro neoperonista. El Gobierno quería demostrar que se le podía ganar al peronismo en elecciones libres. En las ultimas elecciones los “Gansos” habían sacado 104.000 votos y la UCR 88.000. Había que inventar algo para que, aceptando la participación del peronismo, aunque sacara mayor cantidad de votos que los otros dos paridos, igual no llegara al poder, Y para eso convocaron a una convención constituyente que reemplazó la elección directa del Gobernador por un Colegio Electoral que elegiría en forma indirecta. De esa manera “Gansos” y “Pericotes” se unirían para evitar la llegada al poder de un Gobernador peronista en Mendoza. Y, de paso, calmarían a los milicos que ya no aguantaban mas de las ganas de dar un golpe de Estado y empujar a los políticos al ostracismo.
La Resistencia se instaló en Mendoza y comenzó a operar para dar pelea a los neoperonistas del Movimiento Popular Mendocino (MPM) con Alberto Serú García a la cabeza.

En marzo de 1966, Serú García volvió de Madrid sin haber sido recibido por Perón. En la revista Primera Plana del 22 de marzo de 1966, Serú García declaró: "...que mientras otros esperan órdenes, Vandor y yo entendemos que el peronismo debe actuar por sí mismo y organizarse como un partido"
El 23 de marzo Perón le respondió a Vandor y a Serú anunciando su apoyo a Ernesto Corvalán Nanclares.
Ahora sí que se ponía todo patas para arriba. Al apoyo que Vandor tenía en Mendoza entre los dirigentes sindicales, se sumaba la popularidad que ya tenía ganada Serú García. Y por el otro lado, Corvalán Nanclares no estaba para nada posicionado como candidato e incluso, después de ser el elegido de Perón, se pensó que igual se bajaba de la elección. Lo de Mendoza puso un verdadero pico de tensión al peronismo.

El próximo año, 1967, habría elecciones en Buenos Aires, Santa Fe , Córdoba, y otros distritos grandes. Si el neoperonismo triunfaba; si en el Colegio Electoral el pacto ganso/radical se mantenía, se obtendrían varios triunfos: por un lado, se evitaba la llegada de un gobernador peronista a Mendoza y, en otras provincias, se integraba al peronismo a través de partidos neoperonistas y se terminaba con el liderazgo de Perón.

Perón nos manda, entonces, una cinta en que explicita su apoyo a Corvalán Nanclares y adelanta la llegada de Isabel como su enviada personal a Mendoza, a efectos de corporizar su apoyo a través de su esposa.
Por primera vez, desde el golpe del ‘55, la radio y la televisión de Mendoza pasan un mensaje grabado de Perón, en la que el Viejo dice entre otras cosas:
“Hay que pegar duro y a la cabeza de Vandor. Yo no me opongo a que viejos peronistas hagan política, pero si tienen edad para ponerse los pantalones largos, que no usen mi camiseta”. (Una versión del mensaje de Perón emitido por los medios mendocinos está en el diario La Nación del 17 de abril de 1966)

El 19 de abril tuvieron lugar los comicios. Emilio Jofré, candidato por el Partido Demócrata, ganó tal como se esperaba. Sin embargo, el acontecimiento relevante del día no fueron los 129.000 votos de Jofré, ni los 89.000 de la UCRP, sino los 102.000 votos que Corvalán Nanclares consiguió reunir en contra de los 62.000 del candidato vandorista.

Pocos días más tarde Grondona escribía resignado: "Después de Mendoza, la capital del peronismo está otra vez en Madrid”.

Nosotros saltábamos en una pata. De un saque habíamos reventado otra estrategia para diluirnos. Nuestra capacidad organizativa estaba entera; la integridad de las bases absoluta; la disciplina y la acción conjunta ejemplar.
El gobierno radical desfallecía: si bien habían ganado las elecciones los gansos y convalidarían esto en el Colegio Electoral, quedó claro que no podían evitar nuestro reagrupamiento, nuestra verticalidad y nuestra disciplina al líder. Que solo podrían pararnos proscribiéndonos, cosa que se les haría difícil después de tanta alcahuetería democrática.
Por el lado de Vandor las cosas quedaron claras. Ahí nomás, los compañeros cerveceros se reunieron en Asamblea y encabezados por Santiago decidieron abandonar las “62 Leales” que respondían a Vandor e integrarse en las “62 de Pie” antivandoristas. Lo mismo hicieron los compañeros telefónicos y rurales.

Ramiro y la gente de la seccional la matanza de la UOM se rebelaron contra la conducción de Vandor y los papeleros le retiraron a Fernando Donaires la autorización para continuar como Secretario de la CGT en representación del vandorismo.
La batalla electoral de Mendoza presentaba al país un nuevo escenario: Perón retomando la conducción plena del movimiento; las bases alineadas con su conducción; la dirigencia intermedia desarrollando sus tareas territoriales con absoluta disciplina y la lucha en todos los terrenos planteada con claridad: en lo electoral, en lo gremial, en lo económico, en lo social, en lo intelectual y en lo comunicacional.
El radicalismo quedó encerrado en sus propias contradicciones y ya no pudo parar el golpe que venían preparando los militares desde 1965. Vandor y Alonso siguieron estrechando sus lazos con Onganía y los militares con la esperanza de ser beneficiarios del nuevo líder emergente de las clases dominantes de la Argentina .

Y nosotros seguimos en la misma. Defender nuestro salario, nuestras condiciones dignas de trabajo, nuestros sindicatos, nuestros barrios, nuestras escuelas. Y le dimos pelea al “Morsa” y a sus aliados.

En la próxima se las cuento.

6 de junio de 2007

Batallas electorales I (1957 – 1963)


Por Cacho Mendoza

Recuerdo y recuerdo elecciones pasadas. Me encuentro en 1957. El Viejo nos había mandado votar por Arturo Frondizi. Decían que el pacto nos iba a ayudar a recuperar el pode; que Frondizi iba a legalizar de nuevo al Partido Justicialista; que cesarían las intervenciones a los sindicatos; que recuperaríamos el valor de nuestro salario; que podríamos volver a decir las palabras “Perón”, ”Evita” y otras que nos habían prohibido pronunciar.

No les digo que todo era color de rosas. John William Cooke, como delegado del Viejo, había potenciado el acuerdo con Frondizi. Y era de fierro el Gordo.
José de Florencio Varela, dirigente de nuestra CGT “Negra” (así le habían puesto para diferenciarla de la CGT oficial, la que acordaba con el enemigo), no estaba muy convencido de lo que se venía. En una reunión —convocada en Pompeya, para escuchar la última cinta del Viejo—, él y otros dirigentes de la carne, mecánicos, gráficos y plásticos del Gran Buenos Aires, sostenían que había que mantener la lucha contra los que habían colaborado en el golpe del ‘55.

“Muchachos — nos decían—, nos negaron las armas en el ‘55 para resistir desde los barrios y las fabricas con el verso de que, llegado el momento, se entregarían los fierros. Nos fusilaron a los compañeros en José León Suárez; encarcelaron a nuestros dirigentes; intervinieron nuestros sindicatos y cerraron las unidades básicas; clausuraron la Universidad Obrera; nos congelaron los salarios; liberaron los alquileres; eliminaron las paritarias. Es una locura volver a confiar en ellos”.

Pero la orden del Viejo era clara. ¿Qué hacíamos? Finalmente cada uno tomó la decisión en base a lo que le dictó su conciencia. Ganó Frondizi por afano, pero el voto en blanco fue importante; marcando una decisión de seguir peleando si las cosas no salían como nos decían los del Partido Justicialista. Aquí en Mendoza, siguiendo la tendencia nacional ganó Ernesto Uelstchi.
En Mayo de 1958 Frondizi llegó, gracias a nuestros votos, a la Presidencia de la Nación. Su gobierno duró apenas 1.428 días. Lo voltearon en marzo de 1962 después de treinta y cuatro planteos militares y tras la victoria peronista en la Provincia de Buenos Aires con Andrés Framini como nuevo Gobernador.
Los milicos y el poder económico no bancaban el regreso del peronismo y sus conquistas al poder. Todo al pedo. Sin salarios dignos, sin acceso a la educación, sin espacios de poder y entregando el patrimonio y las riquezas al hambre insaciable de la oligarquía y sus socio extranjeros.

Entonces apareció en escena un títere que se llamaba José María Guido. Recuerdo que nos causaba risa su tamaño y su cara de payaso.
Y de vuelta a la pelea. Seguimos con el sabotaje, la baja de la producción, las huelgas, el trabajo a reglamento. La reorganización de las comisiones internas, la recuperación de los sindicatos y las federaciones.

En 1963, los milicos y los partidos políticos se pusieron de acuerdo para llamar de nuevo a elecciones. Pero esta vez, sin ningún disimulo, proscribieron al Partido Justicialista.
La cosa para nosotros era mucho mas clara. De frente mar nos sacaban del padrón, nos impedían participar, nos condenaban a la inexistencia cívica. Esta vez, el General y los trabajadores nos pusimos de acuerdo: ¡¡¡Voto en Blanco por la vuelta de Perón!!!
Y les reventamos las urnas.

El 7 de julio de 1963 la fórmula Arturo Umberto Illia - Carlos Humberto Perette de la UCR se impuso con el 25,15 por ciento de los votos. La Unión Cívica Radical del Pueblo, el radicalismo tradicional liderado por Ricardo Balbín, había ganado en los distritos de Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Chubut, Entre Ríos, Formosa, La Rioja, Misiones, Río Negro, Santa Cruz, Santa Fe y Santiago del Estero. La UCRI de Frondizi, se impuso en Corrientes, Jujuy, La Pampa y Tucumán. El partido Conservador en el Chaco; el Demócrata en Mendoza; el Movimiento Popular Neuquino en Neuquén; el Movimiento Federal Democrático en Salta; la UCR Bloquista en San Juan y el Demócrata Liberal en San Luis.
El voto en blanco fue superior al 20 por ciento. Lo vivimos como un triunfo. Mostramos nuestra fuerza, nuestra integridad. Las ganas de seguir luchando por una Patria Justa, Libre y Soberana; sin gorilas ni entreguistas.

Leonardo, Sofía y Alicia, del Comando Nacional de la Juventud Peronista emitieron un comunicado el 9 de julio de 1963, después de las elecciones diciendo: “Los jóvenes peronistas, los herederos del 17 de octubre de 1945, fieles a la lucha de nuestros padres, retomamos las banderas de lucha de los descamisados, de nuestros hermanos caídos bajo las balas de la Fusiladora, de los nuevos trabajadores que engrosamos el ejercito peronista, de los nuevos dirigentes que reconquistamos los sindicatos, de los niños del 45 que fueron los únicos privilegiados, de todos los trabajadores del continente que han sido solidarios con nuestra pelea. ¡Viva Perón!

La primera reunión después de las fraudulentas elecciones se hizo en el Sindicato de los Navales. El tucumano Esteban y el mendocino Pedro conducían la reunión y dieron el informe: la política del enemigo era clara. Ya veníamos de algunas batallas contra el llamado Peronismo sin Perón que encabezaba Augusto Vandor de la UOM. Los partidos políticos surgidos al calor de esta estrategia ya tenían espacio en la partidocracia tradicional: el Movimiento Popular Neuquino había ganado con Felipe Sapag en Neuquén y el bloquismo lo había hecho en San Juan con Leopoldo Bravo. En Mendoza había despuntado el Movimiento Popular Mendocino con Alberto Serú García a la cabeza.
El problema del peronismo no dejaba dormir a los partidos políticos y, especialmente, a los gorilas. Cada vez que pensaban algo, les pateábamos el tablero y de vuelta a la casa y al caos. Con la proscripción lisa y llana habían logrado hacerse del aparato del Estado, pero estaban muy débiles. Y frente a la gente y al mundo daban vergüenza.
Los radicales tenían claro el objetivo: garantizar la integración gradual del peronismo a la escena partidaria. Su éxito dependería de que los políticos peronistas locales aceptaran acceder a cargos electivos secundarios a cambio de renunciar al liderazgo personal de Perón. En la propuesta estaba implícito que los alcances futuros de dicha integración dependerían del éxito que tuvieran los políticos locales del peronismo para reemplazar, de manera creíble y eficiente, dicho liderazgo.

“Contra eso hay que pelear”, fue la conclusión mas clara de esa primera reunión postelectoral.

3 de junio de 2007

Los viejos amores de la nueva política - Nota 1


Por Manolo Giménez

Como en aquel inolvidable 1994 de la Reforma Oliva, el titular de la Casa Rosada (o su simple retrato) ha vuelto a ser la brújula que orienta la estrategia de los aparatos políticos por los inaccesibles jardines del Bien y del Mal.
Sin pretender comparar estilos, orientaciones y épocas; para los así llamados “operadores” la invocación del Presidente es nuevamente la referencia —¿digamos ideológica?— ineludible en toda empresa electoral que se precie de realista.

Son los mismos que durante el último cuarto se siglo se empeñaron en exorcizar el costado revulsivo del peronismo pretérito y hoy no pierden oportunidad de ofrecer alguna muestra de simpatía verbal por esas mismas luchas que antes ocultaban como un secreto de familia.
En lo formal no han cambiado demasiado: siguen renegando del pasado de su propio movimiento, aunque ahora acongojados por las ruinosas consecuencias del “neoliberalismo menemista”. Insistente muletilla esta última que casi ninguno de tales personajes puede definir acabadamente ni caracterizar en los mismos términos que sus pares; tal vez porque cada uno necesita una explicación amoldable a las distintas necesidades de autojustificación, ya que en su gran mayoría fueron testigos entusiastas —o, al menos, complacientes— del período en cuestión.

Revoluciones de ultratumba

Pero donde cabalmente se ha sabido aprovechar el relevo de tales referencias simbólicas es en la modalidad de instalación que, a menudo, identifica a la nueva generación de oportunistas en estos últimos cuatro años.

Porque desde que la gestualidad presidencial estimuló la jerga filorrevolucionaria, el revival setentista, con sus homenajes a Paco Urondo, Rodolfo Walsh y algunos otros destacados integrantes de las OPM, incorporó una numerosa clientela en la clase media semiculta. Ejemplo de ello es la proliferación de agrupaciones políticas y universitarias o centros de estudios (sic) que optan por la nombradía de algún combatiente prestigioso; seguramente, más por adhesión al prototipo romántico del intelectual inmolado que al personaje histórico concreto.
Otro tanto puede decirse del sospechoso interés que muestran, por los mismos muertos venerables, los medios del Grupo Clarín, siempre dispuestos a acompañar la autoconfiguración imaginaria de sus televidentes y lectores.

Orientados por esta moda, conmovedores discursos recorren casi todas las ciudades del país. Pero rara vez los homenajeados —protagonistas de una fase malograda del proceso revolucionario argentino— son sometidos a la dilucidación histórica medianamente rigurosa. Aunque más no sea con el fin de recobrar o criticar en algún aspecto las tácticas de la misma estrategia de acción que se pretende, en apariencia, valorar positivamente. Pareciera que sólo citar tales nombres constituye trámite suficiente para obtener la carta de ciudadanía del progresismo K.

En realidad, se trata de sustituir la práctica crítica del presente por el homenaje inocuo a los que ejercieron (adecuadamente o no) la crítica de la sociedad semicolonial en el pasado. Así, por ejemplo, la flamante vanguardia oficialista que parece aceptar sin objeciones el protagonismo de Cargill o Bunge en el “milagro económico argentino” despliega una indignación ya del todo inútil contra el golpismo; obviando mencionar, prudentemente, que la aborrecida dictadura de 1976 segó la vida de éstos —y de miles de militantes populares más— con el objetivo de adaptar el funcionamiento económico al proceso de acumulación de los sectores más concentrados e internacionalizados del capital que son, precisamente, los que lideran actualmente el ranking del mercado externo argentino.

Como se ve, algunos retoques semánticos “à gauche” y una repentina preocupación por los derechos humanos, han bastado para que los oportunistas, nuevos y viejos, vuelvan a colarse en la política electoral y granjearse el respaldo de un numeroso sector de la clase media urbana, que aún destina sesiones de diván al incómodo recuerdo del Chacho Alvarez y a la indigestión del sushi.

Pues al éxito de los oportunistas le corresponde el entusiasmo por una difusa “nueva política” que, sin muchas explicaciones, hace declaración de fe revolucionaria al tiempo que abreva en figuras como Julio Cobos o Daniel Scioli. Lejos de reparar en tales contradicciones, el progresismo pequeñoburgués parece estar reescribiendo sus antiguas fábulas, con distintos personajes pero con la estilográfica de siempre.

Aunque esta travesía ficcional, como se tratará de mostrar en las próximas entregas, es otra parte de la misma historia.

25 de mayo de 2007

Unidos o dominados. Un 25 de mayo


por Cacho Mendoza

Busqué y busqué en la memoria, alguna idea, alguna frase, que me permitiera detener la sucesión de imágenes y explosiones de los últimos cinco días…
Con el dolor de huesos de siempre a cuestas, con las marcas indelebles de los garrotazos, con la sensación renovada de las derrotas pasadas, me encontré en El Ocotal en julio de 1927. Gritos, puteadas, uniformes.
Se dio finalmente la orden. En la historia quedaría establecido que ese fue el “primer bombardeo en picada organizado y el primer ataque aéreo a baja altura hecho en apoyo de las tropas terrestres” .

Nada nuevo bajo el sol, diríamos hoy.
El ataque fue lanzado contra civiles: campesinos armados y campesinos sostenedores de las fuerzas que desde Las Segovias organizaba el General de los Hombres Libres: Augusto Cesar Sandino, para hacer frente a la invasión del Norte.
Anticipo de lo que sucedería en Guernica y de la Blitzkrieg hitleriana, ese ataque de la United States Air Force contra Nicaragua sería saludado por el presidente Calvin Coolidge como un éxito. Por el contrario, para el Gobernador de Illinois, Edward Dunne, aquello había constituido “una simple matanza de características atroces”. “En toda la historia norteamericana -añadía el gobernador - no se ha visto jamás un acto de indecencia como el que ahora está exhibiéndose en Nicaragua”.

Escondido entre las matas, Casimiro apuntaba su viejo fusil al cielo. Desde los grises cielos de Centroamérica, los mismos aviones asesinos de los gringos descargaban sus bombas y controlaban las operaciones contra la revolución en Guatemala de Jacobo Arbenz, en 1954.
Recordaba que en aquella época eran las radios nuestra principal fuente de información. Y también las discusiones giraban en torno a como estarían recibiendo las novedades otros pueblos hermanos.

Para Sebastián, aquél experimentado dirigente obrero de los frigoríficos ingleses en Buenos Aires, la situación de Guatemala obligaba a abrir bien los ojos. Ya habían comenzado los ruidos en los cuarteles y la Embajada norteamericana estaba operando fuertemente con la Marina y la Iglesia para el embate final contra el General.
La reunión en Lanús, convocada por el jefe de la custodia personal del General, dejó las cosas en claro. Mantenerse unidos, permanentemente en alerta y ante la primera señal de levantamiento gorila, tomar las fábricas y los edificios públicos.

Alvaro y Esther, dirigentes de la alimentación, fueron los mas combativos. Querían saber donde estaban las armas, quien las iba a repartir llegado el momento. Con gotas de transpiración en la frente, el jefe de la custodia, repetía una y otra vez: vamos a resistir cualquier intentona, la CGT y las unidades básicas serán armadas en el momento justo. El General es muy cuidadoso en este sentido.

Casi seis meses después, otra vez desde el aire, los aviones de Menéndez, Rojas, Lonardi y Aramburu rompieron la tranquilidad de un día de trabajo y dejaron caer sus bombas asesinas en la Plaza de Mayo. Objetivo: civiles que trabajaban en el centro y edificios públicos buscando matar al General.
Y de Junio a Setiembre de 1955 se quedaron con el país. Y Braden festejó a lo grande. “Yo les dije, que tarde o temprano, echaríamos a este dictador de la Argentina” . El embajador de EEUU expresaba su enorme alegría. En los dos meses posteriores se masacraría a la dirigencia peronista y las empresas y el petróleo argentino quedarían en manos de la oligarquía aliada con los EEUU.

Carlos caminaba a los saltos entre los enormes cangrejos de Bahía de Cochinos y nos decía: acomoden bien la munición y estén atentos porque la consigna es “No pasarán”. Fidel quiere a todos los gusanos vivos para mostrarles al mundo como actúan los yanquis. En aquel 1962, otros aviones y lanchas de desembarco, intentaron la invasión a Cuba.

Martina dirigía el batallón principal que frenó la invasión. Quedó muerta en la playa alcanzada por la metralla de un avioncito salido de Miami.

Pero esa derrota no frenaría las incursiones cobardes de una aviación acostumbrada a arrasar pueblos enteros. En 1965 desde Cabo San Rafael, se ordenó la movilización inmediata de la tropas leales al Gobierno. El teniente Castroviejo puso en movimiento la brigada hacia Santo Domingo. Pero no sirvió de nada: esta vez modernas maquinas de muerte habían caído en picada sobre la República Dominicana.

Y trece años después, caería acribillado el Negro Cordobés, durante el bombardeo norteamericano de 1978 en Managua.

Aviones asesinos por todas partes. La imagen se repetía una y otra vez. Chile y Allende; Granada y El Salvador; Malvinas y el Crucero “General Belgrano”. Y eso sólo en nuestra América. No quiero pensar en Viet Nam, Laos, Yugoslavia.

Sobrepuestas, las caras de miles de compañeros circulaban, como frente a una pantalla de cine. Algo decían. Movían las bocas y sus labios no dejaban escapar ningún sonido. O quizás no los escuchaba por al atronador ruido de los bombardeos en Irak, en donde me encuentro ahora como escudo humano.
Ahí estaba Oscar, que había sido la cabeza de playa del Che en Argentina antes de Bolivia: La vieja Hayde que nos llevaba las milanesas a la cárcel durante la dictadura de Onganía. Malena que entraba y sacaba los documentos de la cárcel cuando iba a visitarnos durante la dictadura de Videla. La Hilda con su cabeza destrozada por un balazo en el Ingenio en Tucumán. Felipe, desaparecido en 1957. Y miles más que no conozco.

Los veo conmigo, recortadas sus caras en el cielo rojo iraquí.

11 de mayo de 2007

Construir y merecer


“Merece lo que sueñas”, recomendaba Octavio Paz. Este domingo es una buena oportunidad para tomarlo en cuenta.

El 13 de mayo, a las nueve de la noche dará comienzo —en el Centro de Congresos y Exposiciones de Mendoza— el espectáculo solidario destinado a reunir fondos y achicar la deuda que contrajeron los integrantes de Teatro EL TALLER. Una deuda que asumieron a riesgo propio para construir un centro cultural que no los tendrá como propietarios. Será patrimonio de la comunidad mendocina.

A todos los que soñamos con una ciudad multiplicadora de su oferta artística; a todos los que no perdemos oportunidad de ponernos la camiseta de la cultura en cada reunión o tertulia más o menos politizada; a todos los que alguna vez se nos da por recordar que somos lo que somos porque algún autor o intérprete dijo lo que estábamos esperando para cambiar nuestra vida; a todos los que por obra y gracia del bagaje de los artistas nos fueron concedidos algunos episodios de seducción.

A todos nosotros, viejos y nuevos compañeros de ruta, se nos ofrece este domingo la oportunidad de retribuir, construir y merecer. No la dejemos pasar de largo.

6 de mayo de 2007

Jauretche y el formato del aire


Por Jorge Marziali

No puedo ver con claridad qué parte de lo aprehendido en los ‘60 y ‘70 le pertenece a Jauretche. Las ideas estaban en el aire, en comentarios de compañeros del terciario, en frases lanzadas por algún profe más o menos simpático, en una nota periodística de las excelentes publicaciones de la época.

Quiero por eso, decididamente, evocar y reivindicar ese formato, el “formato del aire”, que no tiene la certeza del libro escrito ni la fuerza de los medios electrónicos, pero que muchas veces supera a ambos por la fuerza de la leyenda, del mito, de “lo que está” en el pueblo.

Tan importante es el “formato del aire” que en los últimos años los medios convencionales de comunicación lo han hecho suyo y fabrican en una sola noche más leyendas y mitos que los que pudimos leer o conocer en los años de formación intelectual. Son los nuevos creadores del “boca en boca”, herramienta que antes manejaba sólo el pueblo en forma independiente. Seguramente por ese camino llegamos, cuando adolescentes, a las atractivas ideas de Jauretche aunque no supiésemos quién era el dueño de esas ideas.

Sentíamos que ese desconocido pensaba “para” nosotros, nos incluía, en la forma de la metáfora, en el tratamiento del idioma, (que era el nuestro) con su picardía, su potrero, su barro. Eso nos diferenciaba de los sabihondos que hablaban horas y no decían nada; los teóricos de la revolución que –al decir de Don Arturo- “se asustan cuando esta llega” Nosotros les proponíamos: “Andá, hacete hervir y tomate el caldo”.

De allí viene la paupérrima cultura de este constructor de coplas, cantor de los arrabales, lo suficientemente ignorante como para que los aficionados al ensayo político o a la historia de las ideas se hagan alguna ilusión respecto de hallazgos luminosos y lo suficientemente intuitivo como para sacar de este libro un buen puñado de sensaciones. Porque, al decir del viejo Arturo

“el snobismo intelectual reprime lo emotivo, lo afectivo, lo cordial”

Quien esto escribe cree en el poder vaticinador de la poesía (vaticinar es tarea de los vates) y sabe que “cordial” tiene que ver con “corazón”, que es la achura con la que piensan los poetas. Un snob, un “pecho frío”, un teórico sin barro se ríe de una afirmación así. No puede comprender y apela a la soberbia en vez de decir “no entiendo”. Prefiere emparentarnos con la barbarie. A esta altura debo confesar que la barbarie se ha ganado en mí y ha operado como un viagra para nuevas erecciones del sentido común.

Si los jóvenes “conservadores”, contemporáneos de Jauretche, debían mantener en secreto sus “herejías” y sus sabidurías nuevas para no verse perjudicados como buenos estudiantes, candidatos al cuadro de “honor”, nuestra generación no quiso ocultar sus pensamientos novedosos gestados no sólo en el mayo francés o los hippies “libertarios” sino, más bien, en la observación de la propia realidad, en el nacimiento de las “villas”, que siempre fueron “miseria” hasta que un día nos desayunamos con el adjetivo de “inestables”. Y amasados en la obra de nuestros vaticinadores de entrecasa que se llamaban Discépolo, Manzi, Neruda, Vallejos, Castilla, Agüero, González Tuñón, Tejada Gómez, Lima Quintana, entre otros. Y se llamaban también Jauretche y Scalabrini. Entre nosotros –sobre todo Patria adentro- no eran suficientes ni determinantes las visiones libertarias de París y de Liverpool, aunque sumaban. Había que traducirlas porque

“lo nacional es lo universal visto por nosotros”.

Es decir que hay otras formas de mirar el mundo para desembocar en otras formas de pensar la Patria. Sin ir más lejos y para hablar de mi oficio, una anécdota al pasar: he visto en disquerías de Madrid (y aquí ya asomaron también) bateas con música “étnica”. No eran las más vistosas. Las bateas más vistosas contenían música “inter-nacional”, es decir producidas en los países centrales, con sonidos “centrales” y -lógico- idiomas centrales (en caso que haya más de uno). Había también bateas de “música latina”, es decir, esa de ciertos baboseos destinados a los “desmayos fáciles” como dice mi amigo Juan Falú.

Con la mirada del señor “mercado”, los “internacionales” de las bateas de discos no tienen una etnia, son nación, y por eso son “internacionales” y no “étnicos”. Mientras, los “románticos” -que no entenderían el Billiken- son “latinos. Los latinos que sí entenderían el Billiken, estaban entre los “étnicos”. Los “étnicos” somos los negritos, amarillitos, gitanitos, sudaquitos turquitos, musulmancitos o algún serbio o lituano rubiecito. Y como “no somos Nación, sino etnia” no estamos en las bateas de música “inter-nacional” y como no escribimos para las glándulas salivales tampoco figuramos en las iluminadas bateas de “latinos”.

Debe ser muy difícil llegar a una visión de lo latinoamericano educándose y permaneciendo en Buenos Aires. Todos los que han descubierto la maravillosa promesa (incumplida) de una Patria Grande son hombres del interior que, en todo caso, han “usado” a Buenos Aires como fuente de información teórica manteniendo siempre el desarrollo de lo empírico en la geografía padentrana.

Jauretche nació y creció entre padentranos y, aun cuando escribió en Buenos Aires, no dejó nunca de alimentarse con las experiencias de quienes sostienen -silenciosamente y con los pies sobre la tierra- la arquitectura de un país tan variado como desigual. Bajó a la tierra para poder escribir, como proponía desde la poesía su contemporáneo puntano Antonio Esteban Agüero:

“Vosotros, los traidores
minúsculos estetas
que destiláis veneno de una rosa
pintada por pintores abstractos;
vosotros: los selectos
los exquisitos
los asépticos y asexuados
que escribís para el oído electrónico
de los robots mecánicos,
¿por qué no bajáis de las torres
y quemáis las heladas bibliotecas
donde guardáis ratones y mentiras
y hundís vuestros barcos
y volvéis a la tierra nuevamente
a caminar descalzos
por la tierra desnuda y poderosa
sucia de pueblo y polen, impura de animales,
hojas secas
y barro?

Mirando desde el país real se ve claro el parentesco con la América morena. Músicas, comidas, leyendas, idiomas, gestos, necesidades y sueños, es decir, la sabiduría popular, nos dan un ADN infalible para confirmar la pertenencia.

Lo difícil que debe haber sido para Jauretche construir una mirada independiente del imperio, encontrar las palabras y los argumentos para sostenerla y, encima, escribirla y lograr alguna repercusión. La incorporación de las clases bajas a un proceso democrático formal en la década del 40 y la creación de una clase media no eran suficiente; Jauretche lo sabía, pero dudo que los cuadros políticos puros del momento tuvieran alguna idea sobre lo imprescindible que era ganar la batalla de lo conceptual.

Era el gran desafío del pensamiento de la época y Don Arturo llega justo para tomar la posta. Lo novedoso fue su cátedra sobre la pasión por “el otro” cercano, cuando la moda (un tanto prolongada para mi gusto) era (¿era?) la pasión por “el otro” lejano… y rubio. Eso sólo puede lograrse manteniendo algún grado de virginidad mental; manteniendo en suspenso algunas certezas para dejar espacio a un pensamiento no digo nuevo, pero sí complementario, que permita que el relato sobre esa película que es la realidad sea completo.

Con Jauretche y sus aliados intelectuales se recreaba lo que podría llamar un pensamiento con vocación de servicio, que –con lo nada que he leído- vislumbro en Mariano Moreno, por citar a uno de los primeros “malditos”. Quizá el gran descubrimiento de Don Arturo pueda sintetizarse en esta lapidaria definición que le pertenece:

“El coloniaje económico se asienta en el cultural y ambos se apuntalan”.

Una de las fuerzas de Don Arturo consistía en no atar su pensamiento ni su acción a hombre alguno. El sabia -y lo dice públicamente- que en un proceso de cambios profundos el conductor es transitorio y puede ser superado por el proceso que él mismo genera. Esta es una idea que nos apasionaba en los años 60/70 y hoy, a la distancia, pienso que la “culpa” de que pensáramos así la tiene Jauretche.

¿No fue esa idea la matriz de la –para mí- tristemente célebre frase “esos imberbes que gritan…”, lanzada en la Plaza de Mayo en el alba de los 70? Recuerdo claramente una entrevista a Don Arturo después de la frase, creo que en Primera Plana. El dice allí más o menos esto: “cualquier revolución que se precie, si necesita prescindir de alguien debe prescindir de los viejos, no de los jóvenes”. El ya estaba en el equipo de los viejos y, posiblemente por eso se prescindió de él, pero sin el premio de alguna revolución que se precie.

“Las aguas no vuelven a las fuentes; pueden estancarse, pero volverán a construir su cauce”

Quizás estamos frente a la que será la gran zoncera del siglo veintiuno: recuperar el pensamiento de Jauretche y no hacer nada para que esas revelaciones se vean reflejadas en decretos, leyes ó programas que vayan acomodando las cargas mientras se hace, en serio, el camino de una Argentina en serio.

Si las zonceras son consignas que anulan la discusión de ideas, no hay ninguna duda de que las zonceras están hoy vivitas y coleando.

Nosotros, con Jauretche a la cabeza, nos hemos quedado en los ‘70. Eso no es grave porque sólo estamos cantando o, como Juan Quintar, publicando ensayos de circulación restringida. Eso no jode a nadie. Lo grave es no ver cuántos dirigentes con altísimas responsabilidades se han quedado, no en los ‘70, sino en los ‘90; es decir, sin ideas molestas ni de las otras y con la única pasión de ser un “triunfador”, un cajetilla sin estirpe, según los códigos impuestos por el imperio: hamburguesa, bienestar individual (a los codazos y sin contar los muertos) y… ”aquí no trabaja el que no quiere”.

(Extraido del prólogo a "Cabeza fría, corazón caliente - El aporte de Arturo Jauretche al pensamiento nacional" de Juan Quintar)

4 de mayo de 2007

Encuentro Nacional por la Década Bicentenaria


Durante los días 27 y 28 de abril pasados se desarrolló, en la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires, el “II Encuentro Interprovincial por la Década Bicentenaria 2006–2016”. En estas jornadas participaron representantes de distintas provincias, así como organizaciones vinculadas al pensamiento nacional y a la revisión de nuestra historia.

Invitado por uno de los animadores originales de este proyecto, Ernesto Jauretche, el Movimiento por la Restauración de la Política (MRP) estuvo representado por nuestro compañero Alfredo Rosales.

Al cierre del evento se leyó la llamada DECLARACION DE LUJAN, cuyos párrafos destacados ofrecemos a continuación:

RATIFICAMOS el compromiso asumido en el “I Encuentro Nacional por la Década Bicentenaria 2006–2016” de rescatar, evocar y conmemorar la memoria colectiva e histórica de los hechos fundamentales de nuestra Patria.

CONSTITUIMOS de esta manera el Encuentro Interprovincial por la Década Bicentenaria, entendiendo que el mismo involucra la Década 2006–2016 y se proyecta simbólica y territorialmente en los Caminos de la Independencia.

REAFIRMAMOS nuestra identidad sudamericana y nuestra hermandad con todos los pueblos que en dos siglos de historia independiente desarrollaron una lucha contra la opresión interna y la dominación colonial e imperialista.

CONSIDERAMOS que estamos en una etapa de reconstrucción de nuestras identidades y de renovadas luchas por recuperar la justicia social, la soberanía popular y la independencia nacional, bajo el mandato histórico que señala la Década Bicentenaria.

INVITAMOS, bajo un espíritu plural de convocatoria, a la participación de autoridades nacionales, provinciales y municipales; pueblos originarios, colectividades, agrupaciones tradicionalistas y religiosas; veteranos de Malvinas, universidades, centros de investigación y organizaciones no gubernamentales vinculadas a la historia, la educación y la cultura.