9 de abril de 2008

Justicia para todos


por Raúl Quiroga

La noticia dice que la Confederación General Empresaria (CGE) pedirá a la justicia que investigue al ex titular de Economía, durante el último gobierno de facto, José Alfredo Martínez de Hoz, para que explique el cierre de 20 mil establecimientos industriales y la destrucción de miles de puestos de trabajo.

Tal vez se trate de un nuevo capítulo de la disputa entre la representación gremial de la hoy difusa burguesía nacional —forjada durante los años del peronismo al que, dicho sea de paso, no tardó en traicionar— y el economista emblemático de la factoría semicolonial argentina.

El escenario de batalla más expuesto tuvo lugar durante la dictadura nacida en el golpe de Estado de 1966. Por entonces, el jefe de la CGE, José Ber Gelbard, disputaba la orientación oficial de la economía con la alicaída Asociación Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres (ACIEL). Esta última había sido creada en 1958 para evitar, precisamente, la devolución de la personería legal a la CGE.

ACIEL estaba impulsada por la Unión Industrial Argentina (UIA), a quien acompañaban la Sociedad Rural; la Bolsa de Comercio; la Cámara Argentina de Comercio; la Bolsa de Cereales y la Asociación de Bancos de la República Argentina (ABRA), que nucleaba a los bancos extranjeros. Representaba, en suma, a los sectores más concentrados e internacionalizados de la economía argentina.

Desde los últimos años de la “Revolución Argentina”, el gelbardismo empezó a ganar batalla tras batalla. Durante el gobierno de Alejandro Lanusse, Gelbard realizó negocios colosales (e impresentables; vgr. ALUAR), al tiempo que se convertía en una de las piezas estratégicas del General Juan Domingo Perón en el exilio, lo que le llevaría a ser ministro de Economía entre 1973 y 1975.

Para debilitar al “tendero de Once” —como llamaba el cipayaje patricio, despectivamente, al jefe del sector industrial de pequeña y mediana escala— las "empresas líderes" impulsaron el Consejo Empresario Argentino (CEA), orientado por José Alfredo Martínez de Hoz, que formalmente existía ya desde 1967. Este nuevo lobby se constituyó en el catalizador de los distintos factores de poder que confluirían, años después, en la reconversión del modelo industrial sustitutivo. Modelo este último, recordamos, que había evolucionado, en distintas fases y proyectos, desde fines de los '30 hasta alcanzar su más acabada formulación en la década peronista.

A manos de este poderoso instrumento oligárquico, la CGE —y con ella el aparato productivo argentino– sufrió dos estocadas mortales: el “Rodrigazo” y el plan económico, amparado por el terrorismo de Estado, que el propio titular del CEA puso en marcha el 2 de abril de 1976.

A partir de esa fecha, Martínez de Hoz fue el responsable de una plaga que asoló al país. Avaló medidas económicas que permitían la libre importación —favorecida por el esquema cambiario— en detrimento de la fabricación nacional, lo cual produjo una verdadera avalancha de cierres de fábricas y despidos.

Era la época donde el dinero fácil y sin responsabilidad de mantener fuentes genuinas de trabajo o el traspaso de las deudas al Estado alimentaron una fantasía de guita dulce que, ahora y a la distancia, cuesta creer que se mantenga impune. Pues revisando algunos liderazgos industriales de estos días —como el de Juan Carlos Lascurain, titular de UIA y hombre de confianza de Paolo Rocca o el de Luis Betnaza, su vice, quien es director del grupo Rocca/Techint— parece que esta catástrofe ocurrió en Siberia y no en la Republica Argentina.

Dicho de otra manera: a gran parte de los dirigentes empresarios, cuyos operadores son hoy recibidos en los despachos oficiales, les cabe una indiscutible responsabilidad sobre miles de argentinos que padecieron hambre y necesidades extremas; de hombres y mujeres que no tuvieron ninguna oportunidad para poder decidir sobre su futuro, muchos de los cuales figuran hoy en las listas de desaparecidos.

En tal sentido, resulta al menos curioso que la UIA —donde se nucleó la elite de la dictadura— se haya convertido en un respaldo “confiable” de la Presidenta durante el paro rural. Tan curioso como que, al mismo tiempo, se califique de “golpistas” a quienes encabezan la protesta de los chacareros, por el sólo hecho de compartir tales acciones con la Sociedad Rural, antigua socia de la ahora democrática entidad empresaria.

Estos dirigentes, insistimos, participaron y fueron parte de una de las paginas más negras de la historia. Y deberían ser juzgados por el crimen de traición a la Patria. Sería bueno que, a partir de este pedido de la CGE, la Justicia investigue y castigue a José Alfredo Martínez de Hoz. Pero también sería bueno que se investigue a quienes, alentados por el plan de los financistas internacionales, se beneficiaron con la reprimarización económica y la timba financiera, a costa del destino histórico de los argentinos.

3 de abril de 2008

1972 – 4 de abril – 2008. El Mendozazo


BREVE CRONICA DE UNA HISTORICA REBELION POPULAR Y UN VENERABLE OPRESOR CON NOMBRE DE AEROPUERTO
por Sergio Crescini

La jornada del 4 de abril de 1972 fue tal vez la jornada más importante del proceso de lucha y participación popular en la provincia de Mendoza durante la década del setenta.

La dictadura del General Alejandro Agustín Lanusse había designado a un Gobernador —Interventor de facto, en realidad— procedente de esa auténtica cantera de cuadros antipopulares que es el Partido Demócrata. (Véase, si no, el actual Ministerio de Seguridad de la Provincia).

Dicho gobernador había ordenado un incremento en las tarifas eléctricas que fue rechazado por sindicatos, uniones vecinales, estudiantes, comerciantes y sectores políticos, quienes habían expresado su desacuerdo mediante una serie de acciones. Los comerciantes, por ejemplo, realizaban apagones.

El 3 de abril la Policía de Mendoza queda bajo el control de la VIII Brigada de Infantería de Montaña y el Gobernador presenta su renuncia. El martes 4, pese a la prohibición de las autoridades militares, se concentró una masa heterogénea que contó con la presencia de más de 20 mil trabajadores frente a la Casa de Gobierno y al edificio de Agua y Energía.

Poco antes, las Fuerzas Armadas reprimieron en la sede del Sindicato del Magisterio, donde estaba concentrada la protesta de los maestros, quienes le ofrecieron una resistencia pasiva. Es decir, no enfrentaron a la policía pero desafiaron la orden de desconcentrarse y continuaron la marcha.

También hubo represión ante el local de la CGT —entonces liderada por el petrolero Carlos Fiorentini—, en donde se hallaban concentrados obreros y estudiantes. Allí los obreros enfrentaron la represión armándose con piedras y prendiendo hogueras. Mientras avanzaban hacia el edificio gubernamental, se levantaron barricadas por el centro de la Ciudad.

Ya en Casa de Gobierno, ante el ataque policial, las masas se armaron con palos, piedras y otros objetos que recogieron en los alrededores para enfrentar a las fuerzas represoras. En el momento de la lucha, las columnas de las uniones vecinales, junto a las maestras abandonaron el campo de batalla. Quienes lucharon fueron obreros, empleados y estudiantes.

Una vez que la policía se vio superada, entraron en acción la Gendarmería y el Ejército, produciéndose la militarización del territorio. El armamento de la fuerza represiva estaba compuesto por bastones, granadas de mano, carros hidrantes, gases lacrimógenos, armas de fuego —cortas, largas y de repetición— y metralletas.
Las masas fueron dispersadas pero se reagruparon para avanzar nuevamente contra la fuerza militar. El escenario de enfrentamiento se expandió hacia el casco céntrico. De esta manera, se produjo la ocupación de un espacio que concentra las instituciones del poder material del Estado.

El saldo fue de varios heridos y un muerto, entre los secores populares movilizados. Luego de tres horas de combate —en las que fueron atacados el edificio gubernamental, bancos y diarios—, hacia la una y media de la tarde Mendoza fue declarada “zona de emergencia”.

Las emisoras locales debían transmitir en cadena con Radio Nacional. Comenzó así una guerra psicológica que buscaba desinformar y distorsionar los hechos. En las casas se apagaron las radios en forma de protesta.

Horas después, desde Buenos Aires, se anunciaba que se mantendría el régimen tarifario sin modificación alguna.

En las últimas horas de aquel día el renunciado Gobernador de la Provincia, Francisco Gabrielli, habló. En su lectura de los hechos, culpaba de los sucesos a “activistas”, “gente extraña”, “perturbadores que buscaban impedir “la salida electoral”. Parece mentira que, actualmente, este personaje sea mencionado hoy con alguna reverencia en el ambiente político y hasta que el Aeropuerto Internacional de Mendoza lleve su nombre.

Esta etapa marcada por persecuciones, despidos y latrocinio, fue el preludio de la salida electoral del ’73. Poner estos sucesos en perspectiva, nos hace pensar en el camino desandado respecto de la participación popular.

Por ello, ojalá que al recordar esta jornada, como uno de los momentos cruciales de la lucha popular, recordemos que en el reconocimiento del otro —del trabajador explotado, del prójimo sufriente— está el sentido de la vida.

Ojalá que a luz de aquel 4 de abril podamos restaurar la política, el instrumento indispensable de la lucha y de la vida.

Porque la vida, para ser plena, no puede renunciar a la lucha.

2 de abril de 2008

Malvinas: un programa alternativo al progresismo


Por Manolo Giménez

¿Por qué la batalla de Puerto Argentino, en la que tropas nacionales recuperaron las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982, no goza hoy entre las filas de la izquierda y el progresismo de la misma consideración que otros episodios anticolonialistas?

La respuesta parece sencilla. Identificados con el régimen criminal nacido en 1976, los comandantes que ordenaron el desembarco serían indignos de un lugar en el proceso emancipatorio de los pueblos oprimidos. Puesto que el Parnaso de la imaginación revolucionaria no admite asesinos ni fascistas.

Usadas con demasiada frecuencia, las elaboraciones de este tipo —o parecidas— parten de una visión estática de la realidad y de una rígida elucidación de las causas de los procesos políticos, donde se privilegian los caracteres personales o ideológicos por sobre la dialéctica del devenir histórico. El idealismo o el irracionalismo romántico sustituyen, así, al método científico entre los socialistas y progresistas argentinos. Curiosa posición de avanzada, por cierto, ya que necesita sostenerse sobre doctrinas del siglo XVIII.

Entrevistado por el dirigente sindical argentino Mateo Fossa en 1938, León Trotsky usaba el siguiente ejemplo para definir un encuadre conceptual más propicio a la era del imperialismo:

“Supongamos —decía— que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflicto? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil ‘fascista’ contra la “democrática’ Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura”.

(Hoy sabemos que la rendición de Puerto Argentino fue impuesta por un grupo de militares del Estado Mayor orientados por el embajador norteamericano Harry Schlaudeman, aliado de Inglaterra, semanas antes del 14 de junio. Para Margaret Thatcher y los políticos profesionales argentinos, el acto de traición encabezado por Cristino Nicolaides dio inicio a la democracia en nuestro país).

“Realmente, hay que ser muy cabeza hueca —opinaba el fundador del Ejército Rojo para reducir los antagonismos y conflictos militares mundiales a la lucha entre fascismo y democracia”.

Aunque devota de un modelo de democracia garantista, la izquierda progresista argentina no deja de adherir —como decíamos— a las revoluciones convenientemente lejanas en el espacio o en el tiempo. Especialmente en la ciudad de Buenos Aires, castristas, bolivarianos, guevaristas y hasta simpatizantes del integrismo islámico —frente a cuyos jefes el General Galtieri parecería un idílico humanista— despliegan en frecuentes movilizaciones callejeras una rebelión que no supera, la mayor parte de las veces, el estadio de lo simbólico.

Se trata de un ejercicio casi siempre inofensivo, aunque reúna las mejores intenciones, que rara vez ha sido un escollo para el capital monopolista actuante en la formación social argentina o para las fuerzas diplomáticas y militares que le sirven.
La reanudación de la lucha por Malvinas, en cambio, constituye en sí misma un programa para la auténtica revolución nacional de los argentinos.

Piénsese qué ocurriría, por ejemplo, si el Gobierno Nacional pusiera en marcha acciones hostiles hacia Gran Bretaña, tales como expropiar tierras de propiedad británica o suspender toda actividad de empresas de ese origen en el territorio nacional, hasta que sean reintegradas las islas. Seguramente se operaría un cambio radical respecto a la relación de nuestro país con los centros mundiales de poder y el sistema de policía internacional ejercido por los Estados Unidos.

En tal situación, el esquema de defensa nacional obligaría a reactivar la industria civil y la tecnología militar, así como a renacionalizar los servicios estratégicos como la telefonía, la televisión, la línea aérea de bandera, los recursos alimentarios y mineros, etc.

Tampoco caben muchas dudas de que una acción de este tipo aceleraría la integración de la Nación Latinoamericana; cuyos pueblos, dicho sea de paso, nos acompañaron en 1982 sin preguntarse por la naturaleza política —fascista o democrática— de quienes tomaron la decisión de emprender la batalla.

El propio Fidel Castro lo explicaba en estos términos: “La guerra colonial de la señora Thatcher y su gobierno contra el derecho de la Argentina a ejercer su soberanía territorial sobre las islas Malvinas, derecho que el Movimiento recogió desde su misma fundación, motivó la solidaridad de los países no alineados con el país agredido. Cuba, a pesar de las diferencias ideológicas y políticas que la distinguen del gobierno argentino, no vaciló en apoyar la justa demanda de ese noble pueblo. Podríamos informarles a los países miembros que los sucesos de las Malvinas constituyeron un momento relevante en el desarrollo de una conciencia latinoamericana”. (VII Cumbre de los Países No Alineados, Nueva Delhi, 1983).

Para la fecha en que se tomó la decisión de desembarcar en Puerto Argentino, la respuesta militar era prácticamente inevitable (tal como lo demuestra la documentación que puede consultarse en este mismo blog. Ver en “Notas anteriores”/ 2007 / abril: “Antecedentes de Puerto Argentino”, 2 de abril de 2007).

Sólo un poderoso aparato de propaganda al servicio de los “negocios” que atan a nuestro país con las potencias “democráticas y civilizadoras” puede sostener la identificación de la causa de Malvinas con el ideario de una dictadura financiada por los oligopolios —como la sojera Cargill, por ejemplo— que, precisamente, siguen siendo los principales beneficiarios de tales vínculos de dependencia.

Como en 1982, el topo de la historia puede asomar la cabeza por entre las planificadas estrategias de sumisión. La crisis del capitalismo mundial y la vertiginosa caída de la hegemonía norteamericana invitan a pensar en algo más que la simple reivindicación jurídica del pasado.

Invitan a pensar en una nueva etapa de lucha.
Invitan a pensar en Malvinas.

26 de marzo de 2008

EN TORNO AL PARO RURAL


por Alberto Alberti y Manolo Giménez

Con el sospechoso apoyo de la mayoría de los multimedios porteños, la protesta de las entidades rurales ha detonado una apasionada disputa entre opositores y oficialistas.

Por supuesto que, en momento alguno, el debate ha superado la pobre confrontación entre el oportunismo de los primeros y la obsecuencia de los segundos; aunque está claro que se trata de una situación que demanda algo más que consignas y caracterizaciones parciales.

Pues si bien es cierto que entre los convocantes al paro de actividades se encuentra la decrépita Sociedad Rural, de nada ayuda recurrir a no menos vetustas formulaciones antioligárquicas sin tomar en cuenta los cambios que presenta la sociedad argentina de los últimos años.

El problema agrario se encuentra surcado por el conflicto de clases y es imprescindible saber a qué instancia histórica responde. Lo que supone, fundamentalmente, entender en qué condiciones opera hoy el capital monopolista y quienes detentan, en conscuencia, las posiciones dominantes.

Una herramienta legítima no define un modelo


Por carecer de una burguesía nacional históricamente consolidada, los países periféricos requieren de la intervención del Estado en la actividad económica. Sin embargo, por su carácter instrumental, las medidas directas no constituyen, en sí mismas, un modelo de crecimiento autocentrado.

El conflictivo incremento de las retenciones a la exportación de granos dispuesto por el Gobierno Nacional presenta, justamente, un buen ejemplo de ello. Puesto que si bien esta medida permite desacoplar los precios internacionales de los precios internos o financiar la compra de divisas —entre otras urgencias de la política oficial—, no parece contribuir necesariamente a una estrategia económica progresiva.

Nadie duda que las ventajas del ciclo expansivo de los commoditties, y el mantenemiento del tipo de cambio sostenido desde el Banco Central justificarían, por sí mismos, el cuestionado gravamen. Pero para estar seguros de su efecto redistributivo —siguiendo la expresión de la presidenta Cristina Fernández— sería importante determinar si el impacto de los aumentos colabora, realmente, en reducir la brecha entre los que más tienen y los que menos. O si, por el contrario, agudiza la desigualdad y la concentración.

Para ello deberíamos aclarar, entonces, quiénes son los principales exportadores de granos en la Argentina y cuál es su relación con los chacareros que están cortando las rutas en las provincias productoras.

¿Quién paga la factura?

Nueve compañías manejan el 80 por ciento de las ventas externas de soja (poroto) y el 89 por ciento de los subproductos. Entre ellas, Cargill, Toepfer, Dreyfus, ADM, Nidera, Bunge y Los Grobo. Representan tan sólo al 10 por ciento de los productores, pero acaparan más del 70 por ciento de la producción. (Cargill y Dreyfus ya importan soja de Paraguay, para moler y reexportar; mientras que Los Grobo fusionó con un grupo inversor brasileño).

Sus ventajas son enormes. Como dice el analista Eduardo Azcuy Ameghino: “No compran el gasoil en el surtidor, sino mayorista. El fertilizante, en Profertil, con un descuento del 18 por ciento sobre el precio minorista. Con la mano de obra, llaman a licitación de contratistas, para que se maten por hacerles la cosecha más barata. Y vende mejor, por poder de mercado”.

Pero la principal ventaja de los “grandes’ es, precisamente, la existencia de los “chicos”. Porque la existencia de productores en pequeña escala es la que permite la formidable ganancia de las poderosas empresas líderes. Estas últimas —según explica el Grupo de Reflexión Rural“le pagan al productor la tonelada de soja aproximadamente a 165 dólares cuando su precio es de trescientos dólares. O sea que el resto, 135 dólares va para el gobierno como derecho a la exportación. Luego la venden en el mercado de Chicago a 550 y además, generalmente hacen eso luego de triangularla entre sus propias oficinas para subfacturarla y pagarle lo menos posible al Estado”.

Paradójicamente, como se ve, no son los exportadores quienes pagan el grueso de las retenciones, sino los productores; aún cuando el producido no se destine al mercado externo en forma directa.

Monopolios y rentistas

Pero tal vez el riesgo más importante sea que este incremento de las retenciones —al reducir el precio interno sin alterar, significativamente, los ingresos de los grandes exportadores— , generalice la conversión de los pequeños productores en rentistas.

Esto es: frente a la menor rentabilidad y a los eventuales riesgos climáticos, el pequeño productor termina alquilando su campo a los pooles de la siembra (como se denomina a los fondos inversores con objetivos lucrativos de corto plazo) aumentando así la tendencia a la concentración.

Al respecto, la investigadora Gabriela Martínez Dougnac sostiene que: “En un país como la Argentina, donde desapareció un cuarto de las explotaciones en los últimos años, donde aún hay zonas ricas en las que los productores no tienen capacidad económica para sostener sus campos y deben arrendarlos, donde muchas producciones regionales siguen en crisis, faltan políticas estructurales para revertir el proceso de concentración de los noventa”.

Vistas las cosas de este modo, es muy posible que las cuestionadas retenciones estarían mucho mejor orientadas en el sentido que se pretende si se plantearan en forma segmentada.

Y mucho más consensuadas si se trabajara, simultáneamente, en equilibrar los costos de la producción o en implementar leyes antimonopólicas que eviten los abusos de las empresas con posición dominante, tanto en los precios como en las condiciones comerciales.

Pues con el respaldo del sector más dinámico del campo —los trabajadores y la pequeña burguesía rural— , el Gobierno Nacional podría quitarle toda sustentación social a las organizaciones minoritarias, sin necesidad de recurrir a los excesos verbales o a las inútiles demostraciones de fuerza del piqueterismo domesticado.

3 de diciembre de 2007

Tinelli, el PJ y las ciencias sociales (Pragmatismos).


Por Manolo Giménez

“La crisis de la moral pública y la deshistorización que le es propia, han logrado por ahora instalar en el centro de las preocupaciones nacionales al gremio de los tecnócratas y cuantitivistas. (…) Los argentinos han sido saqueados, no solo en su presente existencial. Les ha sido arrebatado su pasado, el valor emblemático de sus hombres más notables y la conciencia de si mismos. Por este colapso espiritual la Nación se encuentra en peligro”.

Jorge Abelardo Ramos



No fueron las usinas propagandísticas del Partido Justicialista quienes crearon la coartada discursiva del pragmatismo, para expresar la absoluta falta de escrúpulos en la obtención de beneficios personales.
Tampoco fue su rutilante jefe en los años ‘90, ni ninguno de los adulones o ministros que lo acompañaron. Pero, sin lugar a dudas, fueron ellos quienes instalaron la valoración positiva de esta perversa modalidad en la vida de los argentinos.

Demonizado y vituperado hasta el hartazgo años más tarde, el pragmatismo menemista, sin embargo, reaparece una y otra vez. Y no sólo desde la dirigencia partidaria o sindical que le rindió culto, sino también desde otros medios de legitimación ideológica.

En un reportaje reciente, el historiador Alejandro Horowicz, al hablar de los programas de Marcelo Tinelli, mencionó la “menemización de los valores”.
“Esto es: transformar disvalores en valores cínicamente enunciados como si fueran naturales”, dijo. “Así se genera un bloqueo de la crítica, y a partir de allí la televisión reproduce, a escala gigantesca, los valores hegemónicos de la cultura”.
En los programas de Tinelli, afirma Horowicz, “la idea central es ver cómo sobreviven los participantes, cómo zafan. Es una pelea por la existencia. Y esto está directamente relacionado con los valores del menemismo: por ejemplo, con el manotear y con el zafar”.

Ayer nomás

La recomposición de la burocracia justicialista –a sólo seis años del terremoto de la experiencia neoliberal– invita a sospechar que los valores hegemónicos de la cultura señalados por Horowicz gozan hoy de muy buena salud también en la política profesional.

Estos mismos administradores del patronazgo pejotista demostraron, al comenzar el nuevo milenio, su enorme capacidad de adaptación. Tras las movilizaciones (no siempre espontáneas) que se sucedieron a partir de diciembre de 2001 y, fundamentalmente, tras las elecciones de 2003, los viejos políticos de la nueva política iniciaron una aceleradísima reconversión ideológica.

Entregaron la cabeza (una bastante grande, en particular) de sus antiguos referentes; aplaudieron a Chávez y a Fidel y expresaron con vehemencia un flamante odio hacia los organismos financieros internacionales. También aceptaron “redescubrir” al sujeto social de la política, hablar de derechos humanos o desempolvar algún montonerismo (propio o prestado) que les permitiera ajustarse a una moda que, por cierto, no tardó mucho en disiparse.

No está de más señalar que, medidos en términos de integridad moral, no son mucho peores que el resto de los dirigentes y operadores que pululan en la empobrecida política argentina. Pero han demostrado ser los más aptos para jugar a este juego. Si como señala Horowicz, zafar y manotear figuran entre los valores centrales de la cultura hegemónica, el Partido Justicialista se lleva las mejores calificaciones del jurado. No creo que sea por vocación de poder, como se ha dicho tantas veces, sino por la confiabilidad en el control social que le viene brindando a monopolios locales y extranjeros, desde 1989, gracias al control de su aceitada maquinaria clientelar.

No los van a defraudar

Precisamente, es posible que su mandato actual sea el de impedir que se altere sustancialmente el proceso de acumulación sin distribución que sostiene, desde hace tres décadas, al modelo económico y a sus fieles perros guardianes, los partidos mayoritarios. No será una tarea muy complicada; porque éste, a fin de cuentas, es el ecosistema del gatopardismo pejotista, su lugar en el mundo.

Zafando y manoteando, decíamos, los apóstoles del pragmatismo pudieron llegar indemnes a este cierre de ciclo, que parece poner fin al período inaugurado al son de los cacerolazos y con la bancarrota de la convertibilidad.
Y por lo que manotearon en las elecciones del 28 de octubre pasado, no cabe duda de que zafaron sobradamente. Al punto que han dejado en minoría a los incondicionales de Kirchner dentro del entramado de legisladores, gobernadores e intendentes que integran el Frente para la Victoria. Con lo que pretenden, dicho sea de paso, obligar al propio “compañero Néstor” a cajonear todo proyecto transversal para volver mansamente al redil donde lo esperan algunas gotas de un óleo sagrado que, últimamente, se evapora con llamativa facilidad en el Partido Justicialista.

El precio de la enunciación


Pero volvamos al soporte de legitimación con que cuenta –adoptando la expresión de Horowicz– la “menemización de los valores”. Que no en todos los casos es tan explícito como en los bailes del caño o los patines de Tinelli.

Está claro que en ámbitos pretendidamente intelectuales hoy resulta políticamente incorrecto celebrar las ventajas del pragmatismo. Sin embargo, no es extraño encontrar, en algunos círculos académicos y en respetables medios de difusión, enunciados acerca de la eficacia de los oportunistas en la práctica política como si se tratara de algo natural y técnicamente aceptable.
He tenido oportunidad, incluso, de escuchar a ciertos analistas referirse con aprobación al uso de la silla de ruedas de Gabriela Michetti o del mapita policíaco de Celso Jaque, en tanto astucias publicitarias de sendas contiendas electorales, sin hacer mención alguna al deterioro que presenta la actividad política –y nuestra sociedad– para que tales recursos puedan definir una elección.

Puesto que se orienta al individuo aislado narcisisticamente, como receptor ideal, la publicidad genera fenómenos de masividad, no de comunidad. Es decir, que si una campaña publicitaria –o cualquier destreza por el estilo– puede alcanzar tan alto de nivel de efectividad en la promoción de objetos o valores no necesariamente deseables, debería ser entendido como un síntoma de inarticulación del proyecto colectivo, antes que celebrado como una genialidad de las agencias publicitarias.

Pero, al parecer, escasea el interés de los especialistas en precisar cómo, por ejemplo, el proceso de disolución nacional y la conformación del bloque económico dominante determinan históricamente las manifestaciones del pueblo argentino (hoy convertido en “la gente”) y cuáles podrían ser los medios posibles para revertir el desconcierto o resolver el desequilibrio de fuerzas.
Por el contrario, tales síntomas suelen ser presentados por politólogos y cientistas sociales como oportunidades para los oportunistas (ecuación de consumo perfecta). De este modo, la mayor parte de las veces la formulación –mediante el sistema de encuestas– de las conductas colectivas son presentadas y comercializadas por las consultoras como hojas de ruta para planificar mejor el desenvolvimiento electoral.

Diríase que tales especimenes de la intelectualidad vernácula rara vez discuten las condiciones sociales de producción imperantes con el objetivo de modificar las relaciones de poder mediante la lucha política. Será que les resulta difícil sentir alguna responsabilidad hacia aquello que constituye, apenas, su objeto de medición.

Un ejemplo ilustrativo es la práctica sociológica local. Desprovista de todo pensamiento nacional o dialéctico –y hasta de pensamiento– y más atenta al calendario electoral que al rumbo de las fuerzas productivas, hace tiempo que viene depositando su mejor esfuerzo en ofrecer, mediante sortilegios de relativo valor científico, la ilusión de conocer el centro secreto de la voluntad popular.

Después de todo, es lo que se les pide: los partidos políticos con mayores recursos requieren de lo socialmente efectivo, no de lo socialmente justo. Y ni las ciencias sociales, ni los comunicadores, ni mucho menos los dirigentes que se incorporan a tales partidos, están interesados en mudar su fe de los santuarios del pragmatismo. No sea cosa que por alguna herejía profesional –como descubrir de qué manera se definen las clases sociales a nivel del modo de producción dominante en la Argentina actual o toparse con las esperanzas del auténtico pueblo trabajador– dejen de ser acariciados, como hasta ahora, por la mano invisible y generosa del mercado.

7 de noviembre de 2007

Carta de Chávez a Cristina



Compañera, Camarada y Compatriota Cristina Fernández de Kirchner
Presidenta Electa de la República Argentina


Querida Cristina, amiga mía: Compañera Presidenta,

Con el más hondo sentimiento de júbilo, saludo la gran victoria popular del 28 de octubre de 2007 como la más hermosa reafirmación colectiva y soberana de la Argentina que llevo y llevaré siempre en el corazón. Hablo en nombre de mi Pueblo, este Pueblo venezolano que ama entrañablemente al Pueblo argentino y que ha hecho suya vuestra victoria.

En una carta del 11 de septiembre de 1848 dirigida al General Ramón Castilla, San Martín habla de sí mismo de esta forma: Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar. José de San Martín volvió a América, su América, en 1812, porque sintió el llamado en lo más íntimo de su alma y poseyó la suficiente fuerza de carácter como para no desoírlo. Nuestro compromiso, tú lo sabes, está en sentir ese llamado en lo más íntimo del alma, cada día, y tener la fuerza de carácter para oírlo y obedecerlo: es el compromiso que nos exigen nuestros Pueblos.

El gran Pueblo argentino votó por la continuidad del proceso de liberación nacional que comenzó en el año 2003 con el liderazgo del compañero Néstor Kirchner. Un proceso de liberación nacional firmemente arraigado en la memoria histórica: nada ni nadie pudo borrar al peronismo como encarnación de la esperanza popular y como expresión combativa del anhelo de justicia e igualdad de los descamisados.

Es por eso que el luminoso 28 de octubre de 2007 es un día de victoria para Mi general Perón: Perón ha seguido ganando batallas tras su desaparición física y estoy seguro que las seguirá ganando de cara al porvenir. El peronismo contemporáneo ha sabido recoger su bandera para retomar, con coraje y lucidez, el camino de la construcción de una Patria real y verdaderamente libre, real y verdaderamente soberana.

Recuerdo, ahora, aquellas 20 verdades que constituyen la matriz ideológica del ideario peronista y que fueron dadas a conocer por el General Perón el 17 de octubre de 1950. Recuerdo, sobre todo, la última de ellas porque creo que es la clave que le da sentido a todas: En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo. Esta inmensa verdad ha sido demostrada y ratificada, una vez más, el 28 de octubre.

Le tocó a Néstor abrir el camino para dejar atrás, definitivamente atrás, la larga noche neoliberal, recogiendo e interpretando el clamor insurgente del Argentinazo: merece y merecerá todo el reconocimiento por ello. Estoy plenamente seguro que con tu liderazgo, el proceso de liberación nacional seguirá avanzando a paso de vencedoras y vencedores.

Cristina:

Celebrar contigo esta victoria popular de Argentina es celebrar y honrar la viva presencia de Evita en el sentimiento nuestroamericano. Por esta razón hoy quiero recordar, junto a ti, unas palabras que pronunciara el 27 de enero de 1947: La mujer debe afirmar su acción. La mujer debe optar. La mujer, resorte moral de un hogar, debe ocupar su quicio, en el complejo engranaje social de un pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse, en grupos más extendidos y remozados. Lo exige en suma, la transformación del concepto de la mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes, sin pedir el mínimo de sus derechos.

Me atrevo a decir, entonces, que tu rotundo triunfo electoral no es otra cosa que la esperada afirmación –esperada desde siempre– de la acción de todas las mujeres argentinas: el comienzo de la transformación de un concepto que, para que sea tal, ha de fundarse en el merecido lugar que le corresponde en el complejo engranaje social del Pueblo, y hacer valer, ahora sí, el máximo de sus derechos. A menos no puede aspirar la mujer argentina, como tú bien lo has dicho: Sé que podemos desarrollar una gran tarea por nuestras aptitudes especiales por haber sido ciudadanas de lo privado y de lo público, por haber articulado el mundo de la familia y de la militancia. Y por haber hecho bien las dos cosas.

Necesario es reconocerlo: Argentina y Venezuela todavía están pagando las consecuencias de un modelo político, económico y social desastroso y excluyente y que, por tanto, tenía que hacer caer todo el peso del desastre y la exclusión en la mujer. Me refiero al neoliberalismo. No es extraño, entonces, que a partir de la imposición del modelo económico neoliberal en todo el mundo es cuando comienza a hablarse de feminización de la pobreza. Si la pobreza tiene rostro de mujer, la Segunda Independencia de Nuestra América y su más profunda y efectiva emancipación tiene, también, rostro de mujer.

Querida Presidenta:

El 28 de octubre ha vencido la Argentina que ha hecho suya la causa de la integración y la unidad. Y pongo sobre todo el acento en la unidad como el gran trabajo político a largo plazo: largo plazo, sí, que podría acortarse en la medida en que exista la voluntad necesaria. Recuerdo siempre estas palabras de Perón en La hora de los pueblos: La integración de la América Latina es indispensable: el año 2000 nos encontrará unidos o dominados.

La alianza estratégica entre la Argentina y Venezuela es la reafirmación de dos Pueblos que decidieron andar unidos para nunca más ser dominados. Es una alianza estratégica ejemplar y modélica a la que hay que seguir fortaleciendo e incrementando porque prefigura, así lo creo, la gran unidad política que debemos construir. Ganémosle, Cristina, tiempo al tiempo. Y parafraseando a Perón, digamos ahora: el año 2020 nos encontrará unidos y liberados.

Vuelvo a recordar, una vez más, las palabras del Libertador, de 1818, en carta de Juan Martín de Pueyrredón, Supremo Director de las Provincias del Plata: Excelentísimo Señor: cuando el triunfo de las armas de Venezuela complete la obra de su independencia, o que circunstancias más favorables nos permitan comunicaciones más frecuentes, y relaciones más estrechas, nosotros nos apresuraremos, con el más vivo interés, a entablar, por nuestra parte, el pacto americano, que, formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida, si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse, la reina de las naciones, y la madre de las repúblicas. Completar la independencia de cada una de nuestras Patrias y entablar un nuevo pacto americano son los asuntos determinantes en la definición y construcción del presente y del porvenir. En esa dirección políticamente coincidente, avanzamos Argentina y Venezuela.

Querida Cristina:

Vaya para ti y para Néstor, el más fuerte y fervoroso abrazo. Quiero desearte el más exitoso desempeño en la continuidad del proceso de liberación nacional de la Argentina que ahora te toca liderar. Para ello, como bien sabes, tendrás a este tu amigo, como un soldado. Y a Venezuela como una leal servidora. Transmite a tu Pueblo todo mi infinito cariño, pleno de respeto y admiración, junto con el renovado sentimiento de hermandad del Pueblo venezolano. Un fraterno beso, amiga mía, junto con el testimonio de mi amistad.

¡¡¡Hasta la Victoria Siempre!!!
¡¡Venceremos!!

Hugo Chávez Frías
31 de octubre de 2007

10 de octubre de 2007

Los vampiros levantan vuelo


Por Raúl Quiroga

La cadena de estaciones de servicio Esso se va del país y en todos los medios de difusión se reflejó como el principio de la estampida en masa de las grandes empresas petroleras que operan en el país. Un efecto, dicen, de las malas políticas que practica el Gobierno Nacional en materia de hidrocarburos.

Un poco apurados y livianos en la denostación -tal vez estimulados por la cercanía del 28 de octubre- los comentaristas casi nunca se detuvieron a observar la situación coyuntural de las corporaciones multinacionales. (Entre otras, de la norteamericana Exxon a la cual pertenece Esso).

De haberlo hecho, sabrían que actualmente la parte sustancial del negocio petrolero pasa por encontrar y explotar grandes reservorios. Por lo cual no se van sólo de Argentina, también hacen un drástico repliegue en gran parte de Latinoamérica

Ocurre que, ante la escasez del crudo y su altísimo precio internacional -que en los últimos días llegó a 82 dólares el barril (o sea, cada 159 litros)-, se ha generalizado una marcada retracción en las áreas comerciales de las grandes petroleras; al tiempo que se intenta encontrar y participar en la extracción de crudo en cualquier lugar donde se encuentre, con un mínimo gasto de exploración y explotación, no importa a qué costo en dólares o en lo que sea (piénsese en Irak, por ejemplo).

Si bien en la Argentina es posible que existan grandes reservorios petroleros esperando a ser descubiertos, la inversión para hacerlo es demasiado grande. La explicación a esta paradoja es que nadie se preocupó, en la década del ’90, en hacer cumplir los contratos que fijaban la obligatoriedad de las exploraciones para fijar horizontes petroleros. Tal incumplimiento tuvo lugar a la par de una irracional extracción petrolera que se realizó, incluso, sacando de marco la ley de abastecimiento nacional, en detrimento del consumo y la producción nacional. (Vale la pena aclarar, en tal sentido, que Argentina es un país productor de petróleo y no -como algunos contratos lo indican- exportador de petróleo y gas).

Desde esta perspectiva, sería mucho más serio por parte de la prensa especializada preocuparse o poner el grito en el cielo cuando algunos gobiernos provinciales negocian nuevas ampliaciones de contratos a vencer dentro de 10 años; como el de Chubut, que termina de renegociar el yacimiento Cerro Dragón. Gracias a tal operación, dicha provincia se va a encontrar en el próximo decenio con una recaudación de 778 millones de dólares, mientras que la empresa dueña del contrato -la Pan American Energy- va a recaudar en igual periodo la módica suma de 12 mil millones de dólares. Es decir, apenas algo más del 6 por ciento para los argentinos; cuando en el mundo se están negociando contratos donde las ganancias para quienes tienen petróleo en sus territorios fluctúan entre el 40 y 50 por ciento.

Hoy es indispensable mejorar el horizonte en materia de exploración y constatación de reservas in situ, sobre todo si tomamos en cuenta que tenemos, dentro del territorio nacional, muchos yacimientos por descubrir y en nuestro litoral marítimo las reservas ya están siendo cuantificadas por las empresas multinacionales. En este aspecto, los invito a seguir la evolución de las inversiones inglesas en materia de exploración y explotación en Malvinas.

Como se ve hay otros motivos mucho más importantes para preocuparse que la partida de las estaciones de la Esso. Aunque, para ciertas empresas periodísticas, el patrimonio nacional sea lo de menos frente a la pérdida de un buen cliente.